Gózate en la prueba

Muchas veces pensamos que Dios se acuerda de nosotros cuando todo nos va bien, pensamos que solo debemos ser agradecidos en los momentos buenos y olvidamos que al igual que con Job, Dios habla cuando todo parece irnos mal.

Dios no solo habla en los momentos felices, Dios habla más fuerte en los momentos tristes, Él demuestra su poder no cuando todo te sale bien sino en tu debilidad.

Admiramos a los personajes bíblicos, pero los héroes de la fe, son llamados héroes debido a que pudieron soportar las tormentas, supieron guardar la fe hasta ese punto en el cual Dios demostró su gran poder.

Muchas veces pedimos ser cómo los apóstoles o profetas pero olvidamos que ellos cambiaron y mejoraron porque pasaron por aquel horno de fuego que es capaz de quitar las asperezas del alma y quitar las impurezas del corazón como aquel oro de gran precio.

¿Cómo se puede poner en práctica la fe si todo nos saliera bien, si no nos invadiera la dudad o sino tuviésemos que esforzarnos por creer?

No está escrito: Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas…

Y es que después de la prueba viene la prueba viene la recompensa, después del desierto se encuentra el oasis y tras cada tormenta saldrá el arco iris.

No nos rindamos ante las malas noticias, no nos sintamos derrotados ante el dolor, ni perdamos las esperanzas antes los problemas porque tenemos un Dios que nos ama y que no permitirá que pasemos por algo que no podamos soportar.

Guardemos la fe y recordemos que si te encuentras en medio de la tormenta nuestro Señor Jesús es capaz de calmar cualquier tormenta y traerá bonanza a tu vida.

Y aunque a veces pensemos que todo parece perdido no olvides que Dios espera hasta el último instante para demostrarnos que para el no hay nada imposible

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. 2 Corintios 4:7-10