Perdonado

Perdóname sin dudar ni bacilar, en tu corazón.

Que dulce es el momento en el que nos libramos de la culpa, ese momento en donde la persona afectada nos dice te perdono.

Cuando escuchamos que hemos sido perdonados no se puede evitar sentirse mejor, un perdón, una palabra tan sencilla pero que produce mucho alivio al que la escucha.

Para muchas personas (hasta me atrevería a pensar que a todos), se nos hace muy difícil pedirle perdón a los demás.

Es más fácil mentir, es más sencillo decir una excusa que tener que enfrentarnos a nuestro error y reconocer que hicimos las cosas mal o que estábamos equivocados.

No es fácil decir perdón, no es sencillo matar nuestro orgullo y arrepentirnos de lo que hicimos mal, pero el gran problema de no hacerlo y quedarnos en silencio, es que endurecemos aún más el corazón.

Muchas personas ya no saben amar, porque no aprendieron a perdonar; muchas personas se les ve en sus rostros amargos, en su mirada triste, la falta del perdón.

Uno no solamente debería aprender a perdonar sino también a pedir perdón.

Pedir perdón es vaciar el alma de toda culpa y perdonar es vaciar el corazón de las tristezas causadas.

1 Juan 1:9  Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

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