La prisión

encarceladoEstoy dentro de una prisión puedo sentir claramente los barrotes surcando mi mundo y ahora mi vida son solo estas tres paredes y esta reja que tengo al frente.

Hace algunos días todo parecía tan bien, me sentía libre y camino a la subida, pero a veces la realidad golpea tan fuerte y te tumba rápidamente hacia el piso.

La preocupación no me deja dormir, la ansiedad me tiene desenfocado, la soledad me pone triste pero esas son mis tres paredes y la reja es la depresión.

La espera ciertamente desespera, te esfuerzas para que las cosas cambien pero cuando ves que todo sigue igual comienzas a dudar de todo principalmente de ti mismo.

Ya has agotado tus recursos, quizá solo se necesite tiempo, pero es muy molesto esperar, es como si sintieras el peso de cada minuto, como si cada hora fuera eterna.

Comienzas a orar esperando una respuesta, sabes que te escucha pero no ves resultado, dicen que la fe es creer en lo que no ves, bueno ahora es buen momento para probarlo.

Cuando ya no te queda nada te das cuenta que solo dependes de Él, hasta este punto todo parecía teórico pero ahora sabes cómo se sintió Moisés frente al mar rojo, como se sintió Jeremías al pedir que cayera fuego del cielo, cómo se sintió José cuando estuvo en prisión o David cuando lanzó la piedra.

Y al recordar aquellas experiencias de esos hombres te das cuenta que tu problema es más simple y que Dios no ha cambiado, Él todavía sigue haciendo milagros y siempre escucha las oraciones sinceras.

Ahora sabes que sin Dios nada puedes hacer, que la vida depende de Él y que realmente todo sucede por su voluntad.

Y sin saber cómo te das cuenta que la reja está abierta, que otra vez comienzas a caminar en libertad, los problemas singuen allí pero hoy le has dejado tus cargas y tus dudas a Dios y sabes que Él nunca te fallará.

Sal de la prisión deja todas aquellas cosas que te detienen, ten aquella fe que mueve montañas, solamente cree y confía en Dios y el hará.

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