Personas Explosivas

En 1833 nació un gran genio sueco, Alfred fue un notable químico, además hablaba con fluidez varios idiomas, incursionó en la literatura y patentó 355 inventos.

Alfred con el tiempo se encontró fascinado con la nitroglicerina, creía que podía darle un uso práctico y mejorar la seguridad de su uso. El precio que tuvo que pagar Alfred en su búsqueda por controlarlo fue muy alto ya que, una gran explosión en su fábrica cobró las vidas de su hermano menor Emil y de otras cuatro personas.

Alfred tras mucho esfuerzo en 1867 logró inventar la “Dinamita” un gran avance para la minería, la construcción o la ingeniería, a su vez corría el resigo de que pudiera ser usado para el mal, como la pólvora que se usaba como un arma para provocar muertes.

Alfred se encontró con aquella disyuntiva de dar a conocer su invento, tras decidirse patentar la dinamita se hizo famoso, con ello ganó una enorme fortuna, recibió grandes reconocimientos, incluso le permitió viajar por todo el mundo.

Con el tiempo Alfred se dio cuenta de lo terrible de su elección, la dinamita era usada ya no solo en los avances de la construcción, sino también en las guerras y la fabricación de armas, su gran invento había provocado miles de muertes, los recuerdos de su hermano también fallecido a costa de su investigación lo llevaron a una profunda depresión.

Cuando murió en 1896 en San Remo (Italia) muchos se sorprendieron de su testamento, donó casi toda su fortuna a una fundación, con el encargo específico de que ésta premiara todos los años a las personas que más avances hubieran hecho en beneficio de la Humanidad en los campos de la física, la química, la medicina, la literatura y la paz mundial, creando así lo que hoy conocemos como los Premios Nobel.

Alfred Nobel se dio cuenta muy tarde, de la importancia de tomar buenas decisiones, sus afanes de gloria personal nublaron su razón y le costaron mucho, los años le demostraron que ni la fortuna, ni la fama o el prestigio pueden comprar la verdadera felicidad.

Me gusta pensar que Alfred encontró la verdad y entendió que no era tarde para enmendar su error, decidió darle un mayor sentido a su vida, dejando tras de sí un gran legado, por eso ahora lo recordamos más por el premio Nobel que por su invento.

Existen personas que al igual que el caso anterior no se dan cuenta de que sus decisiones afectarán a los demás, son como bombas de tiempo llenas de odio, que, ante cualquier problema o situación difícil, estallan destruyendo vidas.

Hombres y mujeres que son como la dinamita, que con su carácter destructivo hieren sin querer y cuyas bocas parecen estar llenas de nitroglicerina causándoles dolor y tristeza incluso a las personas que dicen querer.

Necesitan encontrar la verdad del amor de Cristo, solo Él es capaz de sanar corazones llenos de odio, cambiar actitudes llenas de ira por almas renovadas llenas de paz, transformar vidas amargadas y brindarles nuevos tiempos de verdadera felicidad.

No esperemos que el tiempo nos haga darnos cuenta de nuestras decisiones egoístas, hoy podemos escoger el Camino del amor, y darle un gran propósito a nuestra existencia conociendo a Jesús.

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