YO SOY EL CULPABLE

Viniste a mi encuentro para ayudarme, podías ver a través de mis máscaras, sabías que yo era una mentira.

No podía soportar la verdad en tu mirada, no quería reconocer que delante de ti yo no era nada, no tenía valor.

Mi orgullo me hizo arrancarte la barba, estaba tan enojado que alguien supiera lo más oscuro de mi interior.

Estaba tan extasiado en mis pecados, en mis carnalidades, que no me di cuenta de cuánto te había azotado.

Me encontraba tan extraviado de la razón que no comprendía todas las heridas que yo te estaba provocando.

Una y otra vez tomé el martillo en mis manos para clavarte, sin saber que era yo el que tenía que ser sacrificado.

Te escuché orar por mí, entonces tomé la corona de espinas en mi mano, pensando que así ya no me amarías.

Te vi en aquella cruz, tu mirada me decía que todavía me seguías amando, a pesar de que yo era un fracaso.

Eras capaz de perdonarme a pesar de todo lo que yo te había hecho, no podía comprender tanta gracia.

Caí de rodillas lamentándome por todas mis equivocaciones, me avergonzaban todas mis falsedades.

Tenía temor de quien era, miedo de lo que los demás pensaban, sin embargo, en aquel lugar era aceptado.

Entendí que, aunque soy el culpable de tu dolor, tu misericordia me hizo renacer, tu sangre derramada me cambió por completo, tu amor me dio valor y sobre todo una nueva vida.

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