He pecado

reconocerDios mío, te he fallado, he olvidado aquel bello sacrificio que hiciste por mí, he menospreciado el más bello acto de amor de la historia, he negado el amor más puro que jamás haya recibido.

Torpe soy, mi corazón es egoísta, la juventud me ha hecho necio y la maldad nace dentro de mí.

Pero solo tú Señor puedes cambiar eso, solo en ti está el sentido de la vida, la esperanza que puede cambiar el hombre y el poder para vencer al pecado.

Todos hemos pecado, pero es cuando reconocemos que nosotros hemos fallado, cuando nos arrepentimos sinceramente y honestamente pedimos la ayuda de Jesús para que nos perdone y limpie de nuestros pecados, cuando realmente empieza el gran cambio en nuestras vidas.

Todos podemos y hemos fallado pero son pocos los quebrantados de corazón que realmente toman el acto valiente de seguir a Jesús.

Sí es cierto, no es una decisión fácil de tomar, quizá muchos se burlen de ti, quizá muchos de tus cercanos se alejen y quizá muchos también te juzguen.

Pero prefiero eso mil veces antes que continuar viviendo con un corazón destruido, con un alma envenenada y con un vacío inmenso en mi interior.

Estamos dañados, nuestro frágil corazón ha sido herido con el pasar de los años, nuestra alma está llena de cicatrices, y solo Jesús es el único que puede ayudarnos.

He fallado, pero hay una esperanza y quiero seguirla.

He caído, pero existe alguien que puede levantarme.

He pecado, pero estoy arrepentido y lucharé cada día por amar y servir a Jesús.

Dios no rechaza un corazón quebrantado, Él nunca rechaza a un alma que le busca, Él siempre responde a una oración sincera.

Si realmente quieres cambiar, acércate ahora a Jesús que él está esperando deseoso el poder cambiar tu vida y darte una nueva oportunidad.

Te anhelo mi Señor, por favor ayúdame y por tu misericordia no rechaces este corazón que humildemente quiero reposar junto a Ti.

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Si ya nadie cambiara

dos caminosQuizá me equivoque al pensar que todos pueden salvarse y aunque si es cierto, existen personas que no quieren ser salvadas, personas a las cuales sin importarles tú esfuerzo jamás van a querer cambiar.

Lo peor es que prefieren seguir viviendo en un mundo de sombras antes que permitirse ser alcanzadas por la Luz.

Somos tan extraños, tenemos la oportunidad de poder ser felices y de escoger el Camino correcto pero mayormente escogemos lo malo.

Podríamos ser felices y tener una gran vida pero escogemos la tristeza la pena o la decepción.

Siento que vivimos en un mundo al revés, o quizá yo soy uno de los pocos que sigue creyendo en la verdad y que por extraño que parezca guarda su fe.

Podría ser que por fin el mundo enloqueció, que realmente ya todo es malo y que ya nadie es digno de salvarse.

Si es así entonces nos merecemos todas las guerras que vendrán.

Si la humanidad no puede salvarse entonces merecemos que oscurezca el cielo.

Merecemos que la luna se tiña de rojo por la falta de amor o por la sangre de los inocentes.

Si el mundo no quiere cambiar merecemos que se caigan los cielos sobre nosotros.

Si ya nadie cambiara, entonces no habría esperanza y todas nuestras pesadillas son dignas de cumplirse.

Pero la verdad todavía queda algo de luz en el mundo y mientras exista todavía tenemos la oportunidad de cambiar.

No importa si el resto no quiere cambiar o si no quieren escoger el Camino correcto, yo he decidido seguirlo, yo he decidido ser diferente y emprender el rumbo hacia una mejor vida.

Si ya nadie cambiara, igual yo seguiría adelante, prefiero ser un extraño en mi propio mundo que ser uno más que tuvo un mal final.

Aunque ya nadie cambie he decido seguir el camino angosto, he decido creer en Dios y he decido que Él es la única razón por la que vale la pena vivir.

La prisión

encarceladoEstoy dentro de una prisión puedo sentir claramente los barrotes surcando mi mundo y ahora mi vida son solo estas tres paredes y esta reja que tengo al frente.

Hace algunos días todo parecía tan bien, me sentía libre y camino a la subida, pero a veces la realidad golpea tan fuerte y te tumba rápidamente hacia el piso.

La preocupación no me deja dormir, la ansiedad me tiene desenfocado, la soledad me pone triste pero esas son mis tres paredes y la reja es la depresión.

La espera ciertamente desespera, te esfuerzas para que las cosas cambien pero cuando ves que todo sigue igual comienzas a dudar de todo principalmente de ti mismo.

Ya has agotado tus recursos, quizá solo se necesite tiempo, pero es muy molesto esperar, es como si sintieras el peso de cada minuto, como si cada hora fuera eterna.

Comienzas a orar esperando una respuesta, sabes que te escucha pero no ves resultado, dicen que la fe es creer en lo que no ves, bueno ahora es buen momento para probarlo.

Cuando ya no te queda nada te das cuenta que solo dependes de Él, hasta este punto todo parecía teórico pero ahora sabes cómo se sintió Moisés frente al mar rojo, como se sintió Jeremías al pedir que cayera fuego del cielo, cómo se sintió José cuando estuvo en prisión o David cuando lanzó la piedra.

Y al recordar aquellas experiencias de esos hombres te das cuenta que tu problema es más simple y que Dios no ha cambiado, Él todavía sigue haciendo milagros y siempre escucha las oraciones sinceras.

Ahora sabes que sin Dios nada puedes hacer, que la vida depende de Él y que realmente todo sucede por su voluntad.

Y sin saber cómo te das cuenta que la reja está abierta, que otra vez comienzas a caminar en libertad, los problemas singuen allí pero hoy le has dejado tus cargas y tus dudas a Dios y sabes que Él nunca te fallará.

Sal de la prisión deja todas aquellas cosas que te detienen, ten aquella fe que mueve montañas, solamente cree y confía en Dios y el hará.