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HECHOS 29

La mayoría de los libros del nuevo testamento terminan siempre con un Amén, en cambio el libro de Hechos de los Apóstoles es uno de los pocos en donde aquella regla no se cumple.

El libro queda “abierto” para que todos nosotros tengamos la oportunidad de añadir nuestros “hechos” es decir nuestra propia historia con Dios.

Se ha preguntado alguna vez: ¿Qué clase de historia estoy escribiendo?

Está escribiendo una historia llena de fe, llena de obras hacia el Señor o por el contrario su historia solo está llena de derrotas o de tropiezos espirituales.

Nunca es tarde para escribir sus mejores años junto a Cristo, cuando Él está de nuestro lado nuestra historia comienza a cambiar, hasta llegar a tener un buen final.

Tome el ejemplo de tantos campeones de la fe que valientemente le obedecieron a pesar de las más difíciles circunstancias y pruebas.

Siga el modelo de aquellos hombres y mujeres que lucharon para que el evangelio pudiera ser predicado con libertad, incluso exponiendo su propia vida.

Imite a Jesús, el cuál no permitió que la duda le impida rescatarnos, sino que con valentía dio su vida para que tengamos la victoria en su nombre.

No está solo en la historia de su vida, nuestro Dios prometió nunca dejarnos, pero es nuestra decisión el buscarlo día a día.

Vea a su alrededor hay tanto por hacer, hay demasiadas personas que necesitan escuchar el mensaje poderoso la salvación.

Existen millares de personas esperando ver lo que Dios está haciendo en su vida, necesitan una demostración del poder transformador divino.

Necesitamos despertar y entender que es momento de luchar por las almas perdidas, por tantos niños y jóvenes que son arrastrados por las garras del infierno.

Permita que Dios le ayude a escribir una historia increíble, ríndase al poder del Espíritu Santo el cual le ayudará con tal gran obra.

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PERDER PARA GANAR

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Lucas 9:24

(Biblia Lenguaje Sencillo) Porque si alguno piensa que su vida es más importante que seguirme, entonces la perderá para siempre. Pero el que prefiera seguirme y elija morir por mí, ese se salvará.

¿Qué clase de vida queremos tener?

Todos al ser adolescentes soñamos en cómo queremos ser de grandes, imaginamos la vida perfecta, la pareja perfecta, el trabajo perfecto, las amistades que queremos que nunca se vayan y la familia que queremos lograr.

Conforme vamos creciendo esa imagen se distorsiona y solo nos quedamos con lo que podemos conseguir, nos adaptamos a los cambios, cargamos una maleta con un pasado lleno de decepciones, traumas y un peso de orgullo y egoísmo.

¿Quisiera cambiar?

Lo primero que pregunta la mayoría de jóvenes cuando le predicas por primera vez es: ¿Pero tengo que dejar muchas cosas? ¿Voy a cambiar mi estilo de vida?

No se dan cuenta que su estilo de vida es en la mayoría de casos destructivo, que podrían estar muchísimo mejor si conocieran a Jesús, que podrían obtener tantos beneficios para ellos mismos si solo le dan una oportunidad a Cristo.

¿A qué clase de vida nos aferramos?

Muchos no se dan cuenta o no quieren admitir que no saben cómo seguir, que ya a su corta edad son adictos de vicios como el cigarrillo, el alcohol o las drogas; son esclavos de males como la depresión, la tristeza o el estrés.

Y solo cuando tocan fondo o les sucede una crisis importante es cuando hacen una pausa y examinan su vida, se dan cuenta de la realidad que les rodea y que han intentado ocultar con distracciones o excesos.

¿Perder la vida?

No vale la pena seguir viviendo una vida sin una verdadera plenitud y libertad, los seres humanos nunca estamos satisfechos, hemos sido creados con un vacío que solo Jesucristo puede llenar, y la única manera de poder conocerle de verdad, es dando un salto de fe y dejar atrás las cadenas y la vieja vida que nos ata.

¿Salvar mi vida?

Sin importar cuan pequeño ha sido el mal que hiciste, el castigo del pecado es el infierno, lo único que puede salvarte de vivir una vida condenada al fracaso o de una vida que va en picada es el amor de Dios, aquel amor que sin importar tu condición te quiere llenar y embargar tu corazón.

No sé qué clase de vida tienes o que te habrá ocurrido, la única verdad que sé es que Jesús te ama, que es el Camino que debes seguir para alcanzar la felicidad y que Él jamás te va a despreciar o lastimar, corre a sus brazos, Él está esperando por ti.

AÑO NUEVO

Él asistió a la vigilia de fin de año de su iglesia, lloró y pidió perdón por su año anterior, entonces decidió que iba a cambiar, y dejaría atrás todo lo malo que había en él.

Iba a renacer a partir de enero, ya no se permitiría mal gastar su tiempo, comenzaría su nueva etapa desde cero.

Los primeros días del mes leía la biblia seguido, descargó la aplicación para leerla en el camino, se tomaba su tiempo para orar y tener su devocional por las noches.

Conforme pasaban los meses se le hacía difícil cumplir su promesa, el trabajo y estrés lo absorbían, las distracciones le impedían luchar con la misma pasión.

El calendario marcaba el mes de mayo, ya su corazón parecía estar muy frío, dejaba días sin orar y no sentía nada, podía pasar semanas sin abrir su biblia.

El otoño caía sobre él, una tarde caminando por un parque al sentarse en una banca pensó en orar, pero le dolía mucho no haber podido cumplir su promesa.

Para el invierno sentía que Dios estaba tan lejano, cada día al llegar a casa examinaba su vida, se daba cuenta de lo mucho que se había equivocado.

Los meses de primavera estaban terminando, pero él había vuelto a tomar la decisión de cambiar su vida, se dio cuenta que Dios lo seguía esperando.

Ya para diciembre era un hombre completamente nuevo, no dejaba de asistir nunca a una reunión, su casa era un verdadero altar para Dios.

Se dio cuenta que, aunque había fallado mil y un veces el amor de Dios por él era el mismo, aquella lección lo hizo estar tan agradecido que nunca más pudo alejarse.

Para año nuevo ya no necesitaba hacer ninguna promesa vacía, en su corazón ya estaba la decisión firme de no fallarle a su Señor.

El verano del siguiente año enseñaba a los demás aquella lección, se convirtió en un verdadero modelo de como amar a Dios.

Inspirado en la canción: Año Nuevo de Marcos Vidal.

TE PROLONGUÉ MI AMOR

Jeremías 31:3 Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.

Desde muy chico creía que la vida me debía algo, sentía que siempre pagaba un precio muy alto para poder alcanzar mis metas o sueños.

Aquel resentimiento se convirtió en amargura, además sentía que mi timidez me cerraba muchas puertas y oportunidades.

A pesar de mi enojo Dios se acercaba a mí, buscaba llamar mi atención, pero yo era tan torpe que no lo entendía, no lo comprendía.

Su amor fue tan grande que se estiró hasta mis peores momentos, su misericordia llegaba hasta el punto más bajo de mi existencia, pero yo lo rechacé.

Su cariño inmenso se siguió prolongando en cada uno de mis intentos por encontrar mi propia felicidad, nunca se detuvo a pesar de mis continuos fracasos.

Su favor seguía firme mientras yo me desmoronaba, fue un faro de esperanza cuando en mis fuerzas no podía dar más.

Allí estaba Él esperándome con los brazos abiertos, diciéndome que me amaba con amor eterno, que su fidelidad estaba siempre reservada para mí.

Su amor desde las lejanías de mis pecados me llamó, me atrajo hacia Él para nunca más soltarme, soportó todos mis rechazos hasta alcanzarme.

Tan dulce y genuino fue su amor, era el remedio que mi alma hambrienta necesitaba, su amor me embargó tan profundo que nunca más fui el mismo.

Su compasión por mí me hizo amarlo genuinamente, su fidelidad me asombró tanto que no soy capaz de dejarlo porque sé que no existe nadie que me ame así.

¡Gracias Dios mío por tan bello y grande amor!

10 AÑOS DE CRISTIANO

Literalmente nunca voy a olvidar mi primer encuentro con Dios, aquel momento en que sentí que era real y que me amaba más de lo que podía haber imaginado.

Una gracia inmerecida que me embargó el corazón, pude ver por primera vez mis errores y quería que me cambie genuinamente.

No puedo creer que ya pasaron más de 10 años desde aquel momento, fue como volver a nacer, fue como empezar un capítulo totalmente nuevo de mi existencia.

Eso fue solo el comienzo, la vida cristiana es como una maratón de resistencia, tienes que correr hacia la meta cada día con el mismo entusiasmo.

A veces te puedes tropezar, pero te levantas porque sabes que lo correcto es seguir, Jesús murió para que nosotros pudiéramos ser salvos hasta el final.

Por momentos te faltan las fuerzas, hay tantas cosas que nos pueden distraer de nuestro llamado o que nos agotan, es necesario volver a recrearse en el primer amor.

Ha habido tiempos de subidas y de bajadas, tratamos de ir cuesta arriba, de ir en aumento, pero por momentos retrocedemos y es necesario poner buenas bases para no ceder.

Tantos momentos de soledad en donde te das cuenta que Cristo siempre está a tu lado, y aprendes a valorar a la familia espiritual que corre contigo.

El orgullo es un gran enemigo, no importa cuántos años tengas en el evangelio, lo más importante es tú entrega y cuanto estás dispuesto a menguar para que Cristo se levante.

Confieso que hubo instantes en donde me enojé mucho con Dios, en 10 años cambian muchas cosas, sin embargo, siempre vuelvo a Casa, a los brazos de mi Padre Celestial.

No voy a negar que hay momentos de sacrificio, de lágrimas, pero comparado con lo todo lo que Jesús hizo por mí no es nada que no pueda superar.

Me siento gozoso de haber podido compartir a través de la escritura todos aquellos momentos, cada tema publicado ha sido una experiencia, una vivencia que compartí junto a mi Señor.

Deseo mucho que cada tema sea de bendición para aquel que lo lea, y voy a continuar escribiendo y usando este don que Dios me dio hasta que Él me lo permita.

Muchas gracias a Dios por 10 años increíbles y gracias a todos los que me leen, Dios los bendiga eternamente.

Anthony Arroyo el Pensador.