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JESÚS RESUCITA AL HIJO DE UNA VIUDA

Lucas 7:11-17 Nos relata una historia poco conocida acerca de Jesús.

Jesús está caminando junto con sus discípulos y una gran multitud hacia una ciudad llamada Naín, cuando de repente ve una marcha fúnebre. La biblia no lo menciona, pero Jesús debió preguntar quién había fallecido, y le contaron que acaba de morir el único hijo de una mujer viuda.

Póngase en el lugar de aquella mujer: De seguro se casó ilusionada con su pareja, debió crear en su corazón un futuro juntos, sus sueños siempre tenían presente a su marido, su día a día estaba envuelto en aquella relación. Un hombre tanto ahora y más en aquella época, era la protección de la esposa, era el que la cuidaba y el que económicamente la sostenía.

Aquella mujer había perdido a su esposo, parte de sus sueños habían muerto con él, parte de su día a día había cambiado, su protección y sostén económico tampoco estaban, pero aquel matrimonio había dado un fruto, ella tenía un pequeño hijo.

De seguro ella había vertido sobre él aquellos sueños, de seguro en su mente planeaba un futuro para él, aquel joven era su ayuda, era el que la podía cuidar en su vejez. Para ella aquel hijo era una nueva oportunidad.

Aquel hijo había muerto, para los judíos significaba la peor desgracia que podía ocurrirle a una mujer, para ella significaba que su vida ya no tenía sentido, el dolor era el doble. De seguro se preguntaba que sería ahora para ella, o qué razón tendría de seguir viva.

Y Jesús mientras veía pasar aquella marcha, sus ojos se posan en la mujer, Él entiende todo lo que les acabo de relatar. A veces creemos que Dios está lejano y no comprende los sentimientos y emociones de la humanidad, sin embargo, el versículo 13 nos narra lo que Él sintió.

Algunas versiones dicen: Él fue movido a compasión, otras versiones dicen: Su corazón rebozó de compasión. Así que va corriendo donde se encuentra la mujer y le dice: ¡No llores!

¿Cómo es que a veces olvidamos que Jesús sabe amar? Cuando pasamos por problemas, cuando estamos en circunstancias difíciles miramos al cielo con amargura, mal creyendo que somos olvidados por Dios. No entendemos que su corazón está lleno de compasión hacia nosotros, y nos está gritando: ¡No llores! ¡Confía en mí!

Jesús se acerca a los que cargan el féretro, los detiene, y le dice al joven: Joven, a ti te digo, Levántate.

El milagro ocurre y aquel joven se levanta y vuelve a la vida, Jesús restituye los sueños muertos de aquella mujer, pero ahora con el conocimiento de que puede depender de Dios.

Los sueños de aquella mujer ya no serían iguales, ahora junto con su hijo irían todos los días a la iglesia, sus proyectos involucran a su hijo, pero también a Dios, aprendió que tiene un nuevo protector que no falla, que nunca la abandonará, y su nombre es Jesús.

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HECHOS 29

La mayoría de los libros del nuevo testamento terminan siempre con un Amén, en cambio el libro de Hechos de los Apóstoles es uno de los pocos en donde aquella regla no se cumple.

El libro queda “abierto” para que todos nosotros tengamos la oportunidad de añadir nuestros “hechos” es decir nuestra propia historia con Dios.

Se ha preguntado alguna vez: ¿Qué clase de historia estoy escribiendo?

Está escribiendo una historia llena de fe, llena de obras hacia el Señor o por el contrario su historia solo está llena de derrotas o de tropiezos espirituales.

Nunca es tarde para escribir sus mejores años junto a Cristo, cuando Él está de nuestro lado nuestra historia comienza a cambiar, hasta llegar a tener un buen final.

Tome el ejemplo de tantos campeones de la fe que valientemente le obedecieron a pesar de las más difíciles circunstancias y pruebas.

Siga el modelo de aquellos hombres y mujeres que lucharon para que el evangelio pudiera ser predicado con libertad, incluso exponiendo su propia vida.

Imite a Jesús, el cuál no permitió que la duda le impida rescatarnos, sino que con valentía dio su vida para que tengamos la victoria en su nombre.

No está solo en la historia de su vida, nuestro Dios prometió nunca dejarnos, pero es nuestra decisión el buscarlo día a día.

Vea a su alrededor hay tanto por hacer, hay demasiadas personas que necesitan escuchar el mensaje poderoso la salvación.

Existen millares de personas esperando ver lo que Dios está haciendo en su vida, necesitan una demostración del poder transformador divino.

Necesitamos despertar y entender que es momento de luchar por las almas perdidas, por tantos niños y jóvenes que son arrastrados por las garras del infierno.

Permita que Dios le ayude a escribir una historia increíble, ríndase al poder del Espíritu Santo el cual le ayudará con tal gran obra.

DOCUMENTO ACUSADOR

Colosenses 2:13-14 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz…

El versículo 14 en otra versión nos enseña: (BLPH) Ha destruido el documento acusador que contenía cargos contra nosotros y lo ha hecho desaparecer clavándolo en la cruz.

Cuántas veces después del culto del domingo volvemos a casa y olvidamos aquella gracia inmerecida que nos dio una nueva vida, ponemos por encima nuestros deseos y no nos damos cuenta que estamos traicionando a nuestro Salvador, para luego volver el domingo a la iglesia y pedir nuevamente el favor de Dios.

A continuación les comparto una historia que nos recordará cuán grande es el amor de Dios.

El conde de Polignac era conocido por su ineptitud política y a pesar de eso había conseguido muchos favores de parte del emperador Napoleón Bonaparte, sin embargo, le traicionó estando implicado en una conspiración contra su vida.

Bonaparte ordenó su arresto inmediato, teniendo como base de prueba una carta en la cual el conde se comprometía en el complot político, a Polinac solo le esperaba la horca.

La señora Polignac solicitó e hizo hasta lo imposible hasta obtener una audiencia del Emperador en la cual procuró defender hasta las lágrimas a su marido, declarándole inocente.

Napoleón la escucha atentamente y le responde: ¿Conoce la firma de su marido? Y sacando la carta de su bolsillo la puso ante los ojos da la señora, quién al verla palideció, y cayó desmayada.

Napoleón compadecido por el amor de la señora hacia su esposo, impresionado por la valentía de aquella mujer, obró de acuerdo con sus generosos rasgos, así que tan pronto como la señora volvió en sí, le enseñó la carta.

Tomadla, es la única evidencia legal que existe en contra de tu marido. Hay un fuego aquí al lado: quémala. Sin pruebas, no habrá culpa.

La señora tomó con ansia aquella prueba de culpabilidad y la entregó a las llamas. La vida de Polignac y su honor estaban ahora a salvo.

El diablo apuntó cada una de nuestras faltas, cada pecado fue apuntado en un acta la cual nos incriminaba y nos impedía alcanzar la salvación, a nosotros solos nos esperaba el infierno por toda la eternidad.

El amor de Jesús por nosotros fue tan grande que a pesar de nuestras traiciones o de nuestros tropiezos, dio su vida para que aquel documento acusador fuera completamente borrado, el apeló por nosotros ante el Padre Celestial y consiguió nuestra verdadera libertad.

A mi manera

Juan 14:6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

La biblia es muy clara, no nos pregunta nuestra opinión, sino que directamente nos dice que no existen varios caminos para ir al cielo, no existen otras creencias o atajos que nos lleven al Padre, únicamente Jesús es el camino.

Imaginemos que un Doctor dijera: “No voy a estudiar medicina porque yo quiero operar un corazón a mi manera” o que un arquitecto se rehúse a hacer uso de sus estudios y diga: “Yo voy a construir el edificio a mi manera”.

Las personas al igual que en los casos anteriores quieren encontrar la felicidad, desean darle un sentido a la vida o incluso quieren creer en Dios, pero a su manera, ignorando que existe una manera correcta y genuina de hacerlo.

Recuerdo cuando era adolescente y estaba mirando una conferencia en la cual se encontraban Bill Gates y Warren Buffet (en aquel momento eran el primer y segundo puesto de los hombres más ricos del mundo), respondiendo preguntas de jóvenes.

Un joven se levanta y pregunta: ¿Nos podrían brindar una importante lección el día de hoy?

Bill Gates se ríe y mira con complicidad a Warren y le dice: Cuéntales aquella historia que me contaste. Warren lo mira serio y le dice: No estoy seguro que debamos contarles, pero ya que me insistes, lo haré.

Tom Watson presidente de la IBM tenía un vicepresidente joven, él le había enseñado todo lo que sabía, sin embargo, aquel joven era vehemente y un líder nato.

Aquel vicepresidente quería hacer una inversión bastante costosa de 10 millones de dólares en un negocio bastante riesgoso, siendo honesto Tom sabía que esa inversión fallaría. Trató de convencerlo que no lo hiciera, el joven se entercó en hacerlo a su manera.

Tiempo después aquel joven se acercó a la oficina del presidente, con su hoja de renuncia en la mano y muerto de vergüenza. El joven al ver que no querían despedirlo le dice: “¡Estoy tan aliviado” “Pensé que me había llamado para despedirme porque le costé $10 millones de dólares en pérdidas”

Tom le respondió: “¿Hablas en serio?”, le dijo. “Lo último que haría en el mundo sería despedirte, porque acabo de invertir $10 millones de dólares en tu educación”

Cuando tenía 20 años me sentía como aquel vicepresidente, había vivido a mi manera, intentando lograr mi propia felicidad y mi propio sentido a la vida sin éxito, sintiéndome vacío por dentro, muerto de vergüenza quería acercarme a Dios con mi hoja de renuncia en la mano.

Dios ve el potencial que tenemos, Él ve aquellas cosas que son valiosas dentro de nosotros y que incluso nosotros desconocemos y con amor nos dice: Te amo tanto que di mi vida por ti, Yo invertí una resurrección en ti.

Es momento de volver a casa del modo correcto, de seguir a Jesús con amor y correr a los brazos del Padre Celestial sin doblez de corazón.

Marcas de Amor

Isaías 53:5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Un joven fue a solicitar un puesto importante en una empresa grande e iba a conocer al director para la entrevista final. El director vio su CV, era excelente. Y le preguntó: ¿Recibió alguna beca en la escuela? El joven respondió: No.

¿Fue tu padre quien pagó tus estudios? Sí, respondió.

¿Dónde trabaja tu padre? Mi padre hace trabajos de herrería.

El director pidió al joven que le mostrara sus manos.

El joven se sorprendió con el pedido, pero le mostró un par de manos suaves y perfectas.

¿Alguna vez has ayudado a tu padre en su trabajo? Nunca, me dediqué a estudiar.

El director dijo: Tengo una petición: cuando vayas a casa hoy, ve y lava las manos de tu padre, y luego ven a verme mañana.

El joven sintió que su oportunidad de conseguir el trabajo era muy alta.

Cuando regresó a su casa le pidió a su padre que le permitiera lavar sus manos.

Su padre se sintió extraño y feliz, con sentimientos encontrados y mostró sus manos a su hijo.

El joven lavó las manos poco a poco. Era la primera vez que se daba cuenta de que las manos de su padre estaban arrugadas y tenían tantas cicatrices. Algunos hematomas eran tan dolorosos que su piel se estremeció cuando él la tocó.

Esta fue la primera vez que el joven se dio cuenta de lo que significaban este par de manos que trabajaban todos los días para poder pagar su estudio. Los moretones en las manos eran el precio que tuvo que pagar por su educación, sus actividades de la escuela y su futuro.

A la mañana siguiente, el joven fue a la oficina del director.

El director se dio cuenta de las lágrimas en los ojos del joven cuando le preguntó: ¿Puedes decirme qué has aprendido ayer en tu casa?

El joven respondió: Lavé las manos de mi padre y también terminé de asear y acomodar su taller. Ahora sé lo que es apreciar, reconocer que sin mis padres, yo no sería quien soy hoy. Al ayudar a mi padre ahora me doy cuenta de lo difícil y duro que es conseguir hacer algo por mi cuenta. He llegado a apreciar la importancia y el valor de ayudar a mi familia.

Al igual que aquel joven que no se daba cuenta del precio tan grande que su padre había pagado, nosotros olvidamos el sacrificio inmenso que Cristo hizo por nosotros en la cruz.

Si pudiéramos sostener sus manos y ver las marcas que dejarían los clavos en ellas, su espalda hecha trizas después de recibir cada uno de los dolorosos y terribles azotes.

Poder ver su rostro hinchado, cubierto de sangre por cada uno de los golpes, la ira de aquellos que falsamente lo acusaban arrancándole la barba o las marcas que dejó la corona hecha de espinas en su cabeza.

Sus pies perforados por clavos para que pudieran colgarlo en la cruz, su costado traspasado por una lanza, tanta crueldad sobre un ser humano.

Todo aquel dolor lo soportó sin quejarse para que todos sin importar el tiempo o el lugar tuviéramos la oportunidad de recibir la salvación y acercarnos al Padre Celestial.

Son marcas de amor, marcas que demostraron lo inmenso, sublime y real que es su amor por nosotros, que siendo aún pecadores y a pesar de nuestros defectos se entregó por nosotros.

Es momento de agradecerle y recordar la razón por la cual lo amamos.

1Juan 4:19 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.