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Una historia de navidad

cena navideñaEs noche de navidad, pero para un joven es solo otro día en que tiene que soportar a sus padres discutir y arruinar como todos los años aquella bella y costosa cena que nunca se acaba, él pierde el apetito cada vez que los escucha ofenderse.

Y hoy no ha sido la excepción, los lujos y las caras costumbres de sus padres no han impedido que ellos terminen discutiendo, su madre ha salido a casa de su abuela y su padre ya programó el invitar amigos a casa.

Él se encuentra solo en su cuarto y no existe objeto que le quite la tristeza o le impida preguntarse si existe algo realmente bueno en estas fechas.

En eso una llamada lo aleja de sus pensamientos, él no quiere contestar pero la insistencia lo obliga a hacerlo, es su amigo el que lo llama para felicitarlo, pero el al escuchar el saludo no puede evitar contarle lo mal que se siente, y entre quejas y lloros se desahoga y encuentra consuelo al saber que alguien lo escucha y aprecia.

Su amigo decide invitarlo a su casa, está convencido de que sus padres no pondrán objeción ya que a ellos les cae muy bien y han sido amigos desde hace muchos años, aquel joven piensa rehusarse porque sabe que su amigo no posee los lujos que el sí posee pero su falta de cariño le hace aceptar.

Aquel joven confundido y dolido va caminando por la calle viendo las luces de navidad, viendo por las ventanas de las casas a familias unidas y celebrando, y entre más se acerca a la casa de su amigo más extraña el calor de un verdadero hogar.

Al llegar su amigo le recibe contento, y lo padres de éste le dan la bienvenida con un gran abrazo, las decoraciones no son muy costosas pero él nota que aquella casa está adornada con algo que el dinero no podría comprar y después de mucho tiempo aquella cena que tiene frente a él le parece sumamente deliciosa.

Durante la cena y al contarle a sus anfitriones lo sucedido con sus padres en casa, no puede evitar resistirse en preguntarles: ¿Por qué su hogar es tan diferente del mío? ¿Realmente saben por qué esta fiesta es tan importante?

Ellos le cuentan la verdadera historia de navidad, le cuentan de como hubo alguien que nos amó tanto que decidió dar su vida como un regalo de amor y salvación, le cuentan que Jesús lo ama, que sufrió la peor de las muertes porque quería que lo acompañara por el resto de la eternidad y eso es lo que marca la diferencia en sus vidas.

Aquel chico acostumbrado a las peleas, a la soledad y al enojo, al ver como los ojos de sus anfitriones se llenan de emoción al contarles la bella historia, ver aquel hogar tan lleno de paz y de unidad, descubre que sí puede existir un lugar llamado hogar en donde reine el amor y todas aquellos sentimientos que esta noche se albergan en su corazón, y le hacen creer que realmente existe una virtud en este día que él antes no conocía.

Aquel chico a través de un sencillo gesto de generosidad, acaba de descubrir el verdadero significado de la navidad.

¡Les deseo una gran y feliz Feliz Navidad, les mando un gran abrazo a todos mis  amigos, hermanos, compañeros y lectores, que Dios los llene de bendiciones!

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La vida vuelve a empezar

malecónYo sé muy bien que cada vez que te encuentro la vida vuelve a empezar.

No es que Tú te alejes de nosotros, somos nosotros los que equivocadamente nos apartamos de Ti y de tu inmenso y perfecto amor.

A veces nos alejamos de Dios por ignorancia, por egoísmo, por miedo; pero no importa la razón por la cual nos apartemos de Dios, siempre hay más de una razón para volver a Él.

Su amor conquista el corazón, su paz cautiva el alma, su abrazo aquieta la ansiedad, su esperanza aleja los miedos, sus palabras aumentan la fe.

Cuando estás junto a Él incluso un simple dormitorio puede convertirse en un paraíso, una oración en una conversación larga, una canción en un poema de amor auténtico.

Vivimos en un mundo rodeado de muchos males, en donde la perversión ha llegado a lo sumo y en donde son pocos los que elevan sus ojos al cielo y le buscan con sinceridad.

Habrá muchas cosas que parezcan deleitosas, pasaremos pruebas, lloraremos en silencio, tendremos conocidos que nos dirán que Él no existe pero a pesar de todo ello, el amor de Dios nunca cambia, su amor no falla, sus brazos nunca dejarán de estar abiertos para nosotros.

Pasan los años y cada vez escucho más razones para apartarme de mi fe, pero yo solo tengo una gran razón para seguir a Dios y se llama Jesús.

Lo recuerdo cada día porque Él me devolvió la vida, lo tengo presente en mis pensamientos porque junto a Él conocí el amor sincero, lo llevo en el alma porque su amistad lo es todo para mí, lo llevo siempre en mi corazón porque Él me ha cuidado con la más bella ternura.

Y si pudiera escribirle algo, le escribiría miles de gracias porque cada vez que le encuentro la vida para mí empieza de nuevo.

¿Lágrimas vacías?

Llorar no es malo, muchas veces hasta es necesario, pero llega un momento en donde llorar es malo y hasta se vuelve completamente innecesario.

Lágrimas vacías son aquellas que llora un padre pidiendo perdón a sus hijos por no haberlos reconocido, pero que una vez perdonado vuelve a hacer lo mismo.

Lágrimas vacías son de aquella pareja que ha sido infiel, y aún cuando parece arrepentido, a la primera oportunidad hace lo mismo.

Lágrimas vacías son las de aquel adicto, que sin importarle su familia o su vida, cae continuamente en el vicio.

Lágrimas vacías son las de aquel que diciendo ser cristiano y que sabiendo hacer lo bueno, práctica el pecado y niega la fe.

Lágrimas vacías son las de aquel malhechor que al ser sentenciado llora, pero al salir libre vuelve a cometer los mismos crímenes.

Lágrimas vacías y mentirosas, que parecen reales más no lo son.

Pero existe un Dios que si ve las lágrimas sinceras, que si ve el corazón y no menosprecia un corazón contrito y humillado.

Un Dios perdonador y fiel, que sabe cuando somos sinceros, que conoce nuestras pruebas y ha prometido enjugar cada lágrima de nuestros ojos.

Un Dios amoroso que aún con lágrimas ora por nosotros para que le busquemos y nos acerquemos a tiempo a Él.

Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú,  oh Dios. (Salmo 51:17)

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