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PERSECUCIÓN

Romanos 1:16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.

Según “La Lista mundial de la Persecución” 245 millones de cristianos en distintas partes del mundo sufren persecución, en su mayoría son cristianos evangélicos, que son perseguidos, encarcelados, torturados, acosados o asesinados por su fe.

El número es alarmante ya que ha subido notablemente en los últimos años, países como: Corea de Norte, la mayoría de Países Islámicos, la India o países dictatoriales son los que más han provocado esta cifra.

Según los informes ya van 4305 cristianos asesinados, el número ya superó al año anterior y recién estamos a pocos meses de comenzar el 2019, 3150 cristianos han sido detenidos y 1847 iglesias han sido obligadas a cerrar.

Gracias a Dios tenemos libertad para escuchar y predicar el evangelio abiertamente en nuestros países, pero tarde o temprano esto podría cambiar, sentiríamos lo mismo que están sintiendo ahora nuestros hermanos en Cristo que no pueden contarle a sus compañeros de trabajo acerca de su fe porque el estado prohíbe hablar de Jesús en lugares públicos, no podríamos contarle a nuestros familiares acerca de Dios ya que el cristianismo no es la religión oficial del país, o tendríamos que escuchar la palabra de Dios a escondidas porque están prohibidas las construcciones de iglesias.

Somos una Familia Espiritual, oremos por nuestros hermanos alrededor del mundo que con valentía dan su vida por defender la fe, oremos por aquellos hombres de Dios que van a estos países por amor a rescatar a las almas perdidas que allí se encuentran, oremos para que nosotros tengamos aquel denuedo que tenían los apóstoles cuando sufrían persecución y llevemos la Luz del evangelio a todos los que nos rodean.

Recordemos que los cristianos siempre hemos padecido persecución, a lo largo de la historia hombres y mujeres han dado su vida para defender la belleza del evangelio, porque estaban convencidos del milagro maravilloso del nuevo nacimiento, mártires porque estaban agradecidos con Jesucristo por cambiar sus vidas y mostrarles la verdad.

Jesús nos dijo: Lucas 6:22-23 Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas.

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CELOSOS DE BUENAS OBRAS

Tito 2:14 Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Cristo nos escogió, se entregó para darnos a nosotros una nueva vida y para que tengamos la oportunidad de pertenecer a su rebaño, para que seamos parte de un pueblo especial y apartado para Él.

A lo largo de la historia hemos podido ver muchos de ejemplos de hombres y mujeres de fe que, con sus acciones, su pasión, su entrega y valentía lograron hazañas increíbles, superaron obstáculos aparentemente imposibles, llevaron el evangelio a lugares nunca antes alcanzados, lucharon para que la sociedad sea mejor y tocaron muchos corazones en sus épocas.

Los cristianos somos personas especiales, desde el nuevo nacimiento llevamos en nuestro interior el deseo de hacer el bien, aquel celo santo de ayudar a los demás, de demostrar el amor de Dios con acciones, teniendo la capacidad de que nuestros labios puedan consolar a otros al predicarles el precioso evangelio.

En otra versión el mismo versículo nos enseña: (Biblia El Pueblo de Dios) El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno en la práctica del bien.

El hacer el bien debe ser una práctica diaria, debemos aprender a ejercitarnos en ayudar a los demás, debemos tener celo por hacer buenas acciones en nuestra iglesia, en nuestros hogares, con nuestras amistades, con cada persona que sabemos que necesita ayuda y en nuestra sociedad; para que los demás vean nuestro buen testimonio y sepan que es el amor de Dios que ha embargado nuestros corazones.

No podemos tener aquella práctica de hacer el bien si no estamos llenos de Jesús, si no hemos menguado nuestro orgullo y egoísmo; necesitamos alimentarnos más y más de la palabra de Dios, pasar tiempo orando los unos por los otros, pasando tiempo de comunión con nuestros hermanos de la fe, porque solo entonces nuestra vida espiritual se manifestará en nuestro vivir.

Seamos aquel pueblo de fe y de amor que cambia las ciudades, que logra dejar huella en la historia, que busca ayudar a otros por amor y no por beneficio, que cada uno de nosotros seamos hallados aptos para toda buena obra.

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