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REFLEXIÓN: PREDICAR CON EL AMOR O LA LEY

¿Deberíamos decirles a las personas que tienen que arrepentirse de sus pecados sin antes mencionarles que Dios los ama?

Sí, es importante que sepan que están en falta, pero cómo lo entenderán, si no comprenden primero lo que Dios ha hecho por ellos.

Vivimos en un mundo donde las personas están molestas, se sienten estafadas, se sienten desprotegidas, y no quieren sentirse cargadas con más culpa o condenación.

Sí, todos fallaron, queriendo o sin querer y la paga del pecado es la muerte, pero Dios envió a su hijo al mundo no para condenarlo sino para salvarlo.

El evangelio es un acto de amor, en el cual Dios quiere que comprendamos que nos ama tanto, a pesar de nuestro pasado y a pesar de nuestros defectos, Él quiere darnos la oportunidad de rescatarnos y hacernos mejores.

Si tan sólo pudiéramos lograr que recapaciten, hacer que entiendan que no están conformes con sus vidas, los seres humanos no estamos completos a pesar de lo que tenemos.

Orar para que puedan dejar el orgullo a un lado, así ellos puedan pedirle a Jesús que les ayude a entender que necesitan ser salvados, que le pidan que los perdone por todos sus pecados (así les parezcan grandes o pequeños), que les enseñe su verdad y les demuestre la fidelidad de su amor.

Hacerles comprender que han vivido muchos años perdidos, han pasado muchos años viviendo a su manera, ahora podrían permitir que Dios tome el control de su destino, sabiendo que pueden sentirse seguros en Él.

Explicarles que no deben desperdiciar la oportunidad más grande de sus vidas, que no se dejen cegar por el engaño de los vicios, porque hoy Dios ha extendido su mano para ayudarlos y darles una nueva y mejor vida en Cristo Jesús.

Cuán hermoso sería que puedan recibir el abrazo del Padre Celestial, recibir a Jesús en su corazón y abrazar un evangelio cuyo fin es restaurar la comunión de la humanidad con su Creador.

El evangelio es un salvavidas no un látigo, es un yugo fácil, una carga ligera, es descanso a un alma agotada, agua para un alma sedienta, es pan para un alma hambrienta, es vida a un alma moribunda.

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JESÚS RESUCITA AL HIJO DE UNA VIUDA

Lucas 7:11-17 Nos relata una historia poco conocida acerca de Jesús.

Jesús está caminando junto con sus discípulos y una gran multitud hacia una ciudad llamada Naín, cuando de repente ve una marcha fúnebre. La biblia no lo menciona, pero Jesús debió preguntar quién había fallecido, y le contaron que acaba de morir el único hijo de una mujer viuda.

Póngase en el lugar de aquella mujer: De seguro se casó ilusionada con su pareja, debió crear en su corazón un futuro juntos, sus sueños siempre tenían presente a su marido, su día a día estaba envuelto en aquella relación. Un hombre tanto ahora y más en aquella época, era la protección de la esposa, era el que la cuidaba y el que económicamente la sostenía.

Aquella mujer había perdido a su esposo, parte de sus sueños habían muerto con él, parte de su día a día había cambiado, su protección y sostén económico tampoco estaban, pero aquel matrimonio había dado un fruto, ella tenía un pequeño hijo.

De seguro ella había vertido sobre él aquellos sueños, de seguro en su mente planeaba un futuro para él, aquel joven era su ayuda, era el que la podía cuidar en su vejez. Para ella aquel hijo era una nueva oportunidad.

Aquel hijo había muerto, para los judíos significaba la peor desgracia que podía ocurrirle a una mujer, para ella significaba que su vida ya no tenía sentido, el dolor era el doble. De seguro se preguntaba que sería ahora para ella, o qué razón tendría de seguir viva.

Y Jesús mientras veía pasar aquella marcha, sus ojos se posan en la mujer, Él entiende todo lo que les acabo de relatar. A veces creemos que Dios está lejano y no comprende los sentimientos y emociones de la humanidad, sin embargo, el versículo 13 nos narra lo que Él sintió.

Algunas versiones dicen: Él fue movido a compasión, otras versiones dicen: Su corazón rebozó de compasión. Así que va corriendo donde se encuentra la mujer y le dice: ¡No llores!

¿Cómo es que a veces olvidamos que Jesús sabe amar? Cuando pasamos por problemas, cuando estamos en circunstancias difíciles miramos al cielo con amargura, mal creyendo que somos olvidados por Dios. No entendemos que su corazón está lleno de compasión hacia nosotros, y nos está gritando: ¡No llores! ¡Confía en mí!

Jesús se acerca a los que cargan el féretro, los detiene, y le dice al joven: Joven, a ti te digo, Levántate.

El milagro ocurre y aquel joven se levanta y vuelve a la vida, Jesús restituye los sueños muertos de aquella mujer, pero ahora con el conocimiento de que puede depender de Dios.

Los sueños de aquella mujer ya no serían iguales, ahora junto con su hijo irían todos los días a la iglesia, sus proyectos involucran a su hijo, pero también a Dios, aprendió que tiene un nuevo protector que no falla, que nunca la abandonará, y su nombre es Jesús.

HECHOS 29

La mayoría de los libros del nuevo testamento terminan siempre con un Amén, en cambio el libro de Hechos de los Apóstoles es uno de los pocos en donde aquella regla no se cumple.

El libro queda “abierto” para que todos nosotros tengamos la oportunidad de añadir nuestros “hechos” es decir nuestra propia historia con Dios.

Se ha preguntado alguna vez: ¿Qué clase de historia estoy escribiendo?

Está escribiendo una historia llena de fe, llena de obras hacia el Señor o por el contrario su historia solo está llena de derrotas o de tropiezos espirituales.

Nunca es tarde para escribir sus mejores años junto a Cristo, cuando Él está de nuestro lado nuestra historia comienza a cambiar, hasta llegar a tener un buen final.

Tome el ejemplo de tantos campeones de la fe que valientemente le obedecieron a pesar de las más difíciles circunstancias y pruebas.

Siga el modelo de aquellos hombres y mujeres que lucharon para que el evangelio pudiera ser predicado con libertad, incluso exponiendo su propia vida.

Imite a Jesús, el cuál no permitió que la duda le impida rescatarnos, sino que con valentía dio su vida para que tengamos la victoria en su nombre.

No está solo en la historia de su vida, nuestro Dios prometió nunca dejarnos, pero es nuestra decisión el buscarlo día a día.

Vea a su alrededor hay tanto por hacer, hay demasiadas personas que necesitan escuchar el mensaje poderoso la salvación.

Existen millares de personas esperando ver lo que Dios está haciendo en su vida, necesitan una demostración del poder transformador divino.

Necesitamos despertar y entender que es momento de luchar por las almas perdidas, por tantos niños y jóvenes que son arrastrados por las garras del infierno.

Permita que Dios le ayude a escribir una historia increíble, ríndase al poder del Espíritu Santo el cual le ayudará con tal gran obra.

CELOSOS DE BUENAS OBRAS

Tito 2:14 Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Cristo nos escogió, se entregó para darnos a nosotros una nueva vida y para que tengamos la oportunidad de pertenecer a su rebaño, para que seamos parte de un pueblo especial y apartado para Él.

A lo largo de la historia hemos podido ver muchos de ejemplos de hombres y mujeres de fe que, con sus acciones, su pasión, su entrega y valentía lograron hazañas increíbles, superaron obstáculos aparentemente imposibles, llevaron el evangelio a lugares nunca antes alcanzados, lucharon para que la sociedad sea mejor y tocaron muchos corazones en sus épocas.

Los cristianos somos personas especiales, desde el nuevo nacimiento llevamos en nuestro interior el deseo de hacer el bien, aquel celo santo de ayudar a los demás, de demostrar el amor de Dios con acciones, teniendo la capacidad de que nuestros labios puedan consolar a otros al predicarles el precioso evangelio.

En otra versión el mismo versículo nos enseña: (Biblia El Pueblo de Dios) El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno en la práctica del bien.

El hacer el bien debe ser una práctica diaria, debemos aprender a ejercitarnos en ayudar a los demás, debemos tener celo por hacer buenas acciones en nuestra iglesia, en nuestros hogares, con nuestras amistades, con cada persona que sabemos que necesita ayuda y en nuestra sociedad; para que los demás vean nuestro buen testimonio y sepan que es el amor de Dios que ha embargado nuestros corazones.

No podemos tener aquella práctica de hacer el bien si no estamos llenos de Jesús, si no hemos menguado nuestro orgullo y egoísmo; necesitamos alimentarnos más y más de la palabra de Dios, pasar tiempo orando los unos por los otros, pasando tiempo de comunión con nuestros hermanos de la fe, porque solo entonces nuestra vida espiritual se manifestará en nuestro vivir.

Seamos aquel pueblo de fe y de amor que cambia las ciudades, que logra dejar huella en la historia, que busca ayudar a otros por amor y no por beneficio, que cada uno de nosotros seamos hallados aptos para toda buena obra.

PERDER PARA GANAR

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Lucas 9:24

(Biblia Lenguaje Sencillo) Porque si alguno piensa que su vida es más importante que seguirme, entonces la perderá para siempre. Pero el que prefiera seguirme y elija morir por mí, ese se salvará.

¿Qué clase de vida queremos tener?

Todos al ser adolescentes soñamos en cómo queremos ser de grandes, imaginamos la vida perfecta, la pareja perfecta, el trabajo perfecto, las amistades que queremos que nunca se vayan y la familia que queremos lograr.

Conforme vamos creciendo esa imagen se distorsiona y solo nos quedamos con lo que podemos conseguir, nos adaptamos a los cambios, cargamos una maleta con un pasado lleno de decepciones, traumas y un peso de orgullo y egoísmo.

¿Quisiera cambiar?

Lo primero que pregunta la mayoría de jóvenes cuando le predicas por primera vez es: ¿Pero tengo que dejar muchas cosas? ¿Voy a cambiar mi estilo de vida?

No se dan cuenta que su estilo de vida es en la mayoría de casos destructivo, que podrían estar muchísimo mejor si conocieran a Jesús, que podrían obtener tantos beneficios para ellos mismos si solo le dan una oportunidad a Cristo.

¿A qué clase de vida nos aferramos?

Muchos no se dan cuenta o no quieren admitir que no saben cómo seguir, que ya a su corta edad son adictos de vicios como el cigarrillo, el alcohol o las drogas; son esclavos de males como la depresión, la tristeza o el estrés.

Y solo cuando tocan fondo o les sucede una crisis importante es cuando hacen una pausa y examinan su vida, se dan cuenta de la realidad que les rodea y que han intentado ocultar con distracciones o excesos.

¿Perder la vida?

No vale la pena seguir viviendo una vida sin una verdadera plenitud y libertad, los seres humanos nunca estamos satisfechos, hemos sido creados con un vacío que solo Jesucristo puede llenar, y la única manera de poder conocerle de verdad, es dando un salto de fe y dejar atrás las cadenas y la vieja vida que nos ata.

¿Salvar mi vida?

Sin importar cuan pequeño ha sido el mal que hiciste, el castigo del pecado es el infierno, lo único que puede salvarte de vivir una vida condenada al fracaso o de una vida que va en picada es el amor de Dios, aquel amor que sin importar tu condición te quiere llenar y embargar tu corazón.

No sé qué clase de vida tienes o que te habrá ocurrido, la única verdad que sé es que Jesús te ama, que es el Camino que debes seguir para alcanzar la felicidad y que Él jamás te va a despreciar o lastimar, corre a sus brazos, Él está esperando por ti.