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PETICIONES AL PADRE

Dios no te pido que ocultes mis pecados, te pido que por favor los borres con tu sangre, que perdones cada uno de ellos.

No te pido que permanezcan mis máscaras, al contrario, quítame cada una de ellas, hazme honesto y sincero en todo tiempo.

Quiero ser honesto y pedirte que me ayudes en mis debilidades, hay áreas en mi vida que sé que sin Tú ayuda no podré vencer.

Arranca de raíz todo orgullo o vanagloria, pon humildad en mi corazón para que me dé cuenta de todos mis grandes errores.

No permitas que el gallo vuelva a cantar por mi culpa, no quiero negarte nunca más, dame la valentía para servirte fielmente.

Las piedras han cantado alabanzas porque mis labios estuvieron cerrados, hoy quiero darte la gloria con todo mi ser.

Quiero adorarte con mi voz, con mis acciones, con cada una de mis oraciones, con mi obediencia, con mi entrega y con mi fe.

No quiero pedirte que me lluevan riquezas, sino dame la sabiduría para actuar rectamente, para que pueda alejarme todo lo malo.

No te pido que mi nombre sea famoso, sino que mi nombre esté escrito en el libro de la vida, que logre ser un buen siervo fiel.

Las mentiras aléjalas de mis labios, que mi lengua solo declare tu verdad, que mis hechos sean tan claros como la mañana.

Aparta de mí las malas intenciones de mi corazón, líbrame del mal para que pueda caminar rectamente delante de Ti.

Si soy como un niño perdido, tómame de la mano y condúceme al Camino de vida, que pueda seguir las pisadas de mi Señor.

Te pido que por favor termines tu obra en mi vida, ayúdame a ser obediente a tus mandamientos y que tus palabras sea mi tesoro.

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YO SOY EL CULPABLE

Viniste a mi encuentro para ayudarme, podías ver a través de mis máscaras, sabías que yo era una mentira.

No podía soportar la verdad en tu mirada, no quería reconocer que delante de ti yo no era nada, no tenía valor.

Mi orgullo me hizo arrancarte la barba, estaba tan enojado que alguien supiera lo más oscuro de mi interior.

Estaba tan extasiado en mis pecados, en mis carnalidades, que no me di cuenta de cuánto te había azotado.

Me encontraba tan extraviado de la razón que no comprendía todas las heridas que yo te estaba provocando.

Una y otra vez tomé el martillo en mis manos para clavarte, sin saber que era yo el que tenía que ser sacrificado.

Te escuché orar por mí, entonces tomé la corona de espinas en mi mano, pensando que así ya no me amarías.

Te vi en aquella cruz, tu mirada me decía que todavía me seguías amando, a pesar de que yo era un fracaso.

Eras capaz de perdonarme a pesar de todo lo que yo te había hecho, no podía comprender tanta gracia.

Caí de rodillas lamentándome por todas mis equivocaciones, me avergonzaban todas mis falsedades.

Tenía temor de quien era, miedo de lo que los demás pensaban, sin embargo, en aquel lugar era aceptado.

Entendí que, aunque soy el culpable de tu dolor, tu misericordia me hizo renacer, tu sangre derramada me cambió por completo, tu amor me dio valor y sobre todo una nueva vida.

DOCUMENTO ACUSADOR

Colosenses 2:13-14 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz…

El versículo 14 en otra versión nos enseña: (BLPH) Ha destruido el documento acusador que contenía cargos contra nosotros y lo ha hecho desaparecer clavándolo en la cruz.

Cuántas veces después del culto del domingo volvemos a casa y olvidamos aquella gracia inmerecida que nos dio una nueva vida, ponemos por encima nuestros deseos y no nos damos cuenta que estamos traicionando a nuestro Salvador, para luego volver el domingo a la iglesia y pedir nuevamente el favor de Dios.

A continuación les comparto una historia que nos recordará cuán grande es el amor de Dios.

El conde de Polignac era conocido por su ineptitud política y a pesar de eso había conseguido muchos favores de parte del emperador Napoleón Bonaparte, sin embargo, le traicionó estando implicado en una conspiración contra su vida.

Bonaparte ordenó su arresto inmediato, teniendo como base de prueba una carta en la cual el conde se comprometía en el complot político, a Polinac solo le esperaba la horca.

La señora Polignac solicitó e hizo hasta lo imposible hasta obtener una audiencia del Emperador en la cual procuró defender hasta las lágrimas a su marido, declarándole inocente.

Napoleón la escucha atentamente y le responde: ¿Conoce la firma de su marido? Y sacando la carta de su bolsillo la puso ante los ojos da la señora, quién al verla palideció, y cayó desmayada.

Napoleón compadecido por el amor de la señora hacia su esposo, impresionado por la valentía de aquella mujer, obró de acuerdo con sus generosos rasgos, así que tan pronto como la señora volvió en sí, le enseñó la carta.

Tomadla, es la única evidencia legal que existe en contra de tu marido. Hay un fuego aquí al lado: quémala. Sin pruebas, no habrá culpa.

La señora tomó con ansia aquella prueba de culpabilidad y la entregó a las llamas. La vida de Polignac y su honor estaban ahora a salvo.

El diablo apuntó cada una de nuestras faltas, cada pecado fue apuntado en un acta la cual nos incriminaba y nos impedía alcanzar la salvación, a nosotros solos nos esperaba el infierno por toda la eternidad.

El amor de Jesús por nosotros fue tan grande que a pesar de nuestras traiciones o de nuestros tropiezos, dio su vida para que aquel documento acusador fuera completamente borrado, el apeló por nosotros ante el Padre Celestial y consiguió nuestra verdadera libertad.

TE PROLONGUÉ MI AMOR

Jeremías 31:3 Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.

Desde muy chico creía que la vida me debía algo, sentía que siempre pagaba un precio muy alto para poder alcanzar mis metas o sueños.

Aquel resentimiento se convirtió en amargura, además sentía que mi timidez me cerraba muchas puertas y oportunidades.

A pesar de mi enojo Dios se acercaba a mí, buscaba llamar mi atención, pero yo era tan torpe que no lo entendía, no lo comprendía.

Su amor fue tan grande que se estiró hasta mis peores momentos, su misericordia llegaba hasta el punto más bajo de mi existencia, pero yo lo rechacé.

Su cariño inmenso se siguió prolongando en cada uno de mis intentos por encontrar mi propia felicidad, nunca se detuvo a pesar de mis continuos fracasos.

Su favor seguía firme mientras yo me desmoronaba, fue un faro de esperanza cuando en mis fuerzas no podía dar más.

Allí estaba Él esperándome con los brazos abiertos, diciéndome que me amaba con amor eterno, que su fidelidad estaba siempre reservada para mí.

Su amor desde las lejanías de mis pecados me llamó, me atrajo hacia Él para nunca más soltarme, soportó todos mis rechazos hasta alcanzarme.

Tan dulce y genuino fue su amor, era el remedio que mi alma hambrienta necesitaba, su amor me embargó tan profundo que nunca más fui el mismo.

Su compasión por mí me hizo amarlo genuinamente, su fidelidad me asombró tanto que no soy capaz de dejarlo porque sé que no existe nadie que me ame así.

¡Gracias Dios mío por tan bello y grande amor!

Marcas de Amor

Isaías 53:5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Un joven fue a solicitar un puesto importante en una empresa grande e iba a conocer al director para la entrevista final. El director vio su CV, era excelente. Y le preguntó: ¿Recibió alguna beca en la escuela? El joven respondió: No.

¿Fue tu padre quien pagó tus estudios? Sí, respondió.

¿Dónde trabaja tu padre? Mi padre hace trabajos de herrería.

El director pidió al joven que le mostrara sus manos.

El joven se sorprendió con el pedido, pero le mostró un par de manos suaves y perfectas.

¿Alguna vez has ayudado a tu padre en su trabajo? Nunca, me dediqué a estudiar.

El director dijo: Tengo una petición: cuando vayas a casa hoy, ve y lava las manos de tu padre, y luego ven a verme mañana.

El joven sintió que su oportunidad de conseguir el trabajo era muy alta.

Cuando regresó a su casa le pidió a su padre que le permitiera lavar sus manos.

Su padre se sintió extraño y feliz, con sentimientos encontrados y mostró sus manos a su hijo.

El joven lavó las manos poco a poco. Era la primera vez que se daba cuenta de que las manos de su padre estaban arrugadas y tenían tantas cicatrices. Algunos hematomas eran tan dolorosos que su piel se estremeció cuando él la tocó.

Esta fue la primera vez que el joven se dio cuenta de lo que significaban este par de manos que trabajaban todos los días para poder pagar su estudio. Los moretones en las manos eran el precio que tuvo que pagar por su educación, sus actividades de la escuela y su futuro.

A la mañana siguiente, el joven fue a la oficina del director.

El director se dio cuenta de las lágrimas en los ojos del joven cuando le preguntó: ¿Puedes decirme qué has aprendido ayer en tu casa?

El joven respondió: Lavé las manos de mi padre y también terminé de asear y acomodar su taller. Ahora sé lo que es apreciar, reconocer que sin mis padres, yo no sería quien soy hoy. Al ayudar a mi padre ahora me doy cuenta de lo difícil y duro que es conseguir hacer algo por mi cuenta. He llegado a apreciar la importancia y el valor de ayudar a mi familia.

Al igual que aquel joven que no se daba cuenta del precio tan grande que su padre había pagado, nosotros olvidamos el sacrificio inmenso que Cristo hizo por nosotros en la cruz.

Si pudiéramos sostener sus manos y ver las marcas que dejarían los clavos en ellas, su espalda hecha trizas después de recibir cada uno de los dolorosos y terribles azotes.

Poder ver su rostro hinchado, cubierto de sangre por cada uno de los golpes, la ira de aquellos que falsamente lo acusaban arrancándole la barba o las marcas que dejó la corona hecha de espinas en su cabeza.

Sus pies perforados por clavos para que pudieran colgarlo en la cruz, su costado traspasado por una lanza, tanta crueldad sobre un ser humano.

Todo aquel dolor lo soportó sin quejarse para que todos sin importar el tiempo o el lugar tuviéramos la oportunidad de recibir la salvación y acercarnos al Padre Celestial.

Son marcas de amor, marcas que demostraron lo inmenso, sublime y real que es su amor por nosotros, que siendo aún pecadores y a pesar de nuestros defectos se entregó por nosotros.

Es momento de agradecerle y recordar la razón por la cual lo amamos.

1Juan 4:19 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.