Hoy empieza tu vida

Jesús extendiendo la manoY Jesús estaba al frente mío con la mano extendida, mirándome con una sonrisa y con los ojos llenos de amor.

Yo estaba de rodillas, no podía creer aquella dulce visión, porque después de todas mis faltas no esperaría que Él a mí se acercara.

Me decía que estaba esperándome desde que nací, que se alegraba cada vez que yo lo pensaba y que estaba contento que de que hoy yo le hablará.

Cuando escuchaba esas palabras recordaba cada vez que le fallé, todas las veces que hablé mal de Él y todos los momentos en que lo rechacé.

Acercó su mano a mi rostro y secó mis lágrimas, se arrodilló y me abrazó, se sentó a mi lado y me dijo que me perdonaba.

Mi alma se sintió liberada y mi corazón antes encadenado volvía a la libertad, las faltas se habían ido y aquel peso en el alma había desaparecido.

Me miró nuevamente y me dijo, ¿Me seguirás? ¿Estarías dispuesto a seguirme?

Miré al horizonte y me imaginé como sería mi vida si no estuviera Él, me imaginé mis sueños, mis proyectos, mis deseos, pero también fui sincero y vi mis temores, mis dudas, mis depresiones, mis desganos, mi egoísmo, mi orgullo, mis fracasos y mi necesidad de encontrar una vida real.

Lo miré nuevamente y me di cuenta que él no había apartado la vista de mí, para Él yo era importante y realmente podía notar que quería que lo siguiera.

Le dije: Quiero serte sincero, siento un poco de miedo, sé que no será fácil y que muchas veces flaquearé pero si tú estás conmigo y si me haces sentir siempre la paz que hoy siento a tu lado, entonces te seguiré con todo lo que soy.

Se levantó y me dijo: Sígueme, hoy empieza tu vida.

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