La única verdad

amanecer

Solo existe una verdad en esta vida que llevamos.

Recuerdo que tenía quince años cuando recibí una clase en la que el profesor afirmaba completamente de que Dios no existía.

En aquella clase se nos enseñó la teoría evolucionista de Darwin y el origen del universo gracias al “Bing Bang”.

Recuerdo llegar a casa y comenzar a cuestionarme muchas cosas con las cuales había crecido y comenzar a pensar la posibilidad de que quizá Dios no existía.

No se me olvida el miedo que sentí en aquel momento o aquel frío helado que recorrió mi espalda cuando aquel pensamiento llenó mi mente.

¿Realmente Dios existe?

Si Dios no existía entonces no había razón alguna para luchar por ser buenos o mejores.

No teníamos por qué ser justos o amables porque obviamente no existiría el infierno y la moral deja de tener sentido si no tenemos un alma o un código de ética justificado en algo más grande que nosotros mismos.

¿Si nos quitan a Dios, entonces qué nos queda?

Entre más me cuestionaba más rápido llegaba a la conclusión de que la humanidad necesitaba que Dios existiera.

Lejos de las teorías, si miramos hacia dentro de nosotros mismos, nos damos cuenta que estamos vacíos y que en el fondo tenemos una necesidad por creer en algo más grande que la humanidad misma.

Transformamos a personas ordinarias en supuestos dioses queriendo encontrar fe y creamos sectas debido a que necesitamos un dogma con el cual vivir.

Siempre dicen que hay un secreto en la vida que debemos descubrir y aunque pasaron algunos años para que lo descubriera realmente, ese día entendí que aquel secreto es que Dios si existe.

Tener fe es creer en lo que no puedes ver y eso es justamente lo que hacemos los cristianos, creemos en Dios aunque no podamos verlo.

Creer en Dios es encontrar dirección, fe, amor, destino y la vida misma.

Yo ya me hubiera rendido si Dios no estuviera a mi lado, yo no sabría lo que es el amor si Dios no existiera, yo no le encontraría sentido a vivir un día más si no tuviera fe de que Dios es el que guarda mi vida.

Así que yo he decido a pesar de todos mis altibajos y tropiezos, creer por siempre en la existencia de Dios.

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No estás sola

madre e hijoVivimos en una sociedad en donde hay muchas madres jóvenes y el mayor porcentaje de estas madres crían a sus hijos sin la ayuda de una pareja.

Nuestra sociedad actual atraviesa una cruel realidad en donde muchas madres solteras tienen que hacer la labor de padre y madre a la vez, tienen que trabajar, mantienen sus hogares y debido a eso dejan de lado sus sueños para poder criar a sus niños.

El amor parece haberse enfriado en estos tiempos, el egoísmo parece reinar en los corazones y muchas mujeres no tienen la fuerza suficiente para lograr esta hazaña.

Sé que debe ser difícil poder creer en Dios cuando la vida se torna dura y en donde podemos sentimos abandonados pero le escribo hoy a esas madres para recordarles que a pesar de lo injusta que parezca la vida, que a pesar de los errores y pecados Dios no se ha olvidado de ustedes y Él las sigue amando.

Dios puede sanar esos corazones heridos, Él quiere ser la luz que guíe su caminar, Él quiere ser la fuerza que las anime, Él quiere ser un abrazo en la soledad y el amor más sincero que puedan conocer.

No hay secreto que podamos ocultar delante de Dios, Él conoce nuestros corazones, Él sabe nuestras carencias y fallas pero así tal cual somos Él nos ama y no dejará de hacerlo.

Quizá en este día no tengas una pareja que te acompañe y te sientas sola pero créeme que Dios de verdad te ama y Él quiere permanecer a tu lado por toda la eternidad.

Dale una oportunidad a Dios de llenar tu vida y convertirte en una mejor madre, permite que este día sea especial y que Dios sea el mejor regalo que puedas recibir.