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Grito de auxilio

clamorMi corazón eleva a ti un grito de auxilio, un clamor desesperado pidiendo tu ayuda, porque se agotan mis fuerzas y mi fe.

Hay tantas cosas que ahora no entiendo y antes creía comprender, siento que por ratos crezco y a veces siento que sigo igual.

Por las noches el miedo me asalta, sintiendo que han desalojado los sueños de mi corazón y que estoy frente a mi mayor temor.

Me siento como un torpe que pelea inútilmente contra su propia maldad, mi voluntad mengua y no se cuanto más pueda resistir.

He visto la maldad que puede haber en el corazón y te ruego que yo nunca termine convirtiéndome en todo aquello que aborrezco.

Sé que no soy lo suficientemente fuerte o hábil para poder soportar todas las pruebas que vendrán.

Por eso necesito tu ayuda y tu dirección, escucha este grito de auxilio de un corazón que necesita de Ti.

Por ratos parezco ser una sombra, un forastero que no logra encajar, que no halla un lugar, ni cabida en este mundo.

Mis pasos no son siempre rectos, dudo mucho y me cuesta seguir cuando el Camino se vuelve empinado.

Ruego que por favor limpies mi corazón para que sea digno de sostener tu mano y me ayudes a seguir.

Dale fuerzas a mi corazón para poder seguir, porque está muy cansado y herido, tras varias caídas y descontentos.

Me siento tan perdido cuando no logro ver la luz de Tu corazón, cuando te pierdes de mi vista y me falta Tu amor.

Conviértete en el la luz de mi amanecer, haz que resplandezca tu gracia sobre todos mis miedos y tu misericordia alumbre sobre todos mis fracasos.

Sé mi socorro en estos tiempos de dolor, sé mi auxilio en mis momentos de crisis y mi consuelo en los momentos de angustia.

Escucha el clamor de mi mente, las palabras que te susurran mi alma y el grito de auxilio de mi corazón.

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¿Negarte?

Negarte a Ti mi Dios, es negar la razón que me da la vida.

Negarte a Ti mi Señor, sería negar todo aquello que me provoca una sonrisa.

Negar que existes mi Rey es negar aquella fe que me ayuda, que me sostiene y que me ayuda a vencer cada día.

Negar tu amor es negar aquella dulce compañía que me acompaña y me enamora todos los días.

Negar tu resurrección es negar aquella salvación que cambio mi vida y aquel milagro que mi corazón transformó

Negar tu presencia es negar aquel tierno abrazo que me lleva a tu dulce morada.

Negar la biblia es negar aquella gran ayuda que nos enseña a vivir rectamente.

Negar a mi Jesús es negar al autor de mi existencia, es negar al autor de mi amor y negarlo es negar al Señor de mi corazón.

Negar a Dios es negar mi fe, es negar aquella dulce paz que siento en el alma, es negar aquel gozo que supera los momentos de tristeza y es negar la esperanza que llevo en el corazón.

Negar al Espíritu Santo es negar aquel fuego que aviva mi ser, es negar a mi ayudador, es negar el poder de Dios, es negar aquel dulce toque de Dios.

Negar a mi Dios es imposible porque lo veo en todas sus obras, lo siento a mi lado en cada momento, lo escucho guiando mi camino, lo veo en cada bendición y lo amo a cada instante.