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REFLEXIÓN: PREDICAR CON EL AMOR O LA LEY

¿Deberíamos decirles a las personas que tienen que arrepentirse de sus pecados sin antes mencionarles que Dios los ama?

Sí, es importante que sepan que están en falta, pero cómo lo entenderán, si no comprenden primero lo que Dios ha hecho por ellos.

Vivimos en un mundo donde las personas están molestas, se sienten estafadas, se sienten desprotegidas, y no quieren sentirse cargadas con más culpa o condenación.

Sí, todos fallaron, queriendo o sin querer y la paga del pecado es la muerte, pero Dios envió a su hijo al mundo no para condenarlo sino para salvarlo.

El evangelio es un acto de amor, en el cual Dios quiere que comprendamos que nos ama tanto, a pesar de nuestro pasado y a pesar de nuestros defectos, Él quiere darnos la oportunidad de rescatarnos y hacernos mejores.

Si tan sólo pudiéramos lograr que recapaciten, hacer que entiendan que no están conformes con sus vidas, los seres humanos no estamos completos a pesar de lo que tenemos.

Orar para que puedan dejar el orgullo a un lado, así ellos puedan pedirle a Jesús que les ayude a entender que necesitan ser salvados, que le pidan que los perdone por todos sus pecados (así les parezcan grandes o pequeños), que les enseñe su verdad y les demuestre la fidelidad de su amor.

Hacerles comprender que han vivido muchos años perdidos, han pasado muchos años viviendo a su manera, ahora podrían permitir que Dios tome el control de su destino, sabiendo que pueden sentirse seguros en Él.

Explicarles que no deben desperdiciar la oportunidad más grande de sus vidas, que no se dejen cegar por el engaño de los vicios, porque hoy Dios ha extendido su mano para ayudarlos y darles una nueva y mejor vida en Cristo Jesús.

Cuán hermoso sería que puedan recibir el abrazo del Padre Celestial, recibir a Jesús en su corazón y abrazar un evangelio cuyo fin es restaurar la comunión de la humanidad con su Creador.

El evangelio es un salvavidas no un látigo, es un yugo fácil, una carga ligera, es descanso a un alma agotada, agua para un alma sedienta, es pan para un alma hambrienta, es vida a un alma moribunda.

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PERDER PARA GANAR

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Lucas 9:24

(Biblia Lenguaje Sencillo) Porque si alguno piensa que su vida es más importante que seguirme, entonces la perderá para siempre. Pero el que prefiera seguirme y elija morir por mí, ese se salvará.

¿Qué clase de vida queremos tener?

Todos al ser adolescentes soñamos en cómo queremos ser de grandes, imaginamos la vida perfecta, la pareja perfecta, el trabajo perfecto, las amistades que queremos que nunca se vayan y la familia que queremos lograr.

Conforme vamos creciendo esa imagen se distorsiona y solo nos quedamos con lo que podemos conseguir, nos adaptamos a los cambios, cargamos una maleta con un pasado lleno de decepciones, traumas y un peso de orgullo y egoísmo.

¿Quisiera cambiar?

Lo primero que pregunta la mayoría de jóvenes cuando le predicas por primera vez es: ¿Pero tengo que dejar muchas cosas? ¿Voy a cambiar mi estilo de vida?

No se dan cuenta que su estilo de vida es en la mayoría de casos destructivo, que podrían estar muchísimo mejor si conocieran a Jesús, que podrían obtener tantos beneficios para ellos mismos si solo le dan una oportunidad a Cristo.

¿A qué clase de vida nos aferramos?

Muchos no se dan cuenta o no quieren admitir que no saben cómo seguir, que ya a su corta edad son adictos de vicios como el cigarrillo, el alcohol o las drogas; son esclavos de males como la depresión, la tristeza o el estrés.

Y solo cuando tocan fondo o les sucede una crisis importante es cuando hacen una pausa y examinan su vida, se dan cuenta de la realidad que les rodea y que han intentado ocultar con distracciones o excesos.

¿Perder la vida?

No vale la pena seguir viviendo una vida sin una verdadera plenitud y libertad, los seres humanos nunca estamos satisfechos, hemos sido creados con un vacío que solo Jesucristo puede llenar, y la única manera de poder conocerle de verdad, es dando un salto de fe y dejar atrás las cadenas y la vieja vida que nos ata.

¿Salvar mi vida?

Sin importar cuan pequeño ha sido el mal que hiciste, el castigo del pecado es el infierno, lo único que puede salvarte de vivir una vida condenada al fracaso o de una vida que va en picada es el amor de Dios, aquel amor que sin importar tu condición te quiere llenar y embargar tu corazón.

No sé qué clase de vida tienes o que te habrá ocurrido, la única verdad que sé es que Jesús te ama, que es el Camino que debes seguir para alcanzar la felicidad y que Él jamás te va a despreciar o lastimar, corre a sus brazos, Él está esperando por ti.

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