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Palabras de vida eterna

mirar el cieloSomos polvo al cual se nos dio vida, mortales con complejos de superioridad.

Frágiles criaturas con gran ingenio pero incapaces de comprender lo eterno.

Intentando entender el sentido de la vida sin consultarle a su autor.

Ignorando a aquel que dio su vida para pudiéramos ser salvos por amor.

Y como dijo aquel pescador: ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Nos concentramos en el amor al dinero, olvidando que al morir eso no tiene valor.

Perdemos el alma en aquellas cosas que solo satisfacen emociones pero no el corazón.

Nos lamentamos de aquellos dolores temporales olvidando a aquel que todo sabe curar.

Somos ciegos que no reconocen a aquel que es la Luz y que solo nos quiere ayudar.

Y como dijo aquel pescador: ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Miramos al cielo pensado que El creador no existe o que nos tiene olvidados.

Decidimos olvidar los mandamientos y solo inventamos nuevos reclamos.

Y a pesar de eso Él extiende su mano para entregarte su perdón.

Podemos sin temor acercarnos a aquel que puede a nuestro corazón darle perdón.

Y como dijo aquel pescador: ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Así que nos toca hacer reflexión y darnos cuenta que nosotros vivimos en el error.

Sin embargo somos nosotros los que neciamente hemos causado dolor.

Él vino para darnos paz, para que junto a Él podamos hallar la verdadera felicidad.

No vino a condenarte solo quería mostrarte la pureza de su gracia y bondad.

Y como dijo aquel pescador: ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

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¿Realmente me amas?

amor de JesúsSi pudieras ver a Jesús, lo verías acercarse a lo lejos y un fuerte resplandor lo cubriría, tu cuerpo caería rendido de rodillas ante la inmensidad de aquella imagen.

Si pudieras oír su voz sería como escuchar caer un trueno que haría temblar todos tus huesos, sin embargo te hablaría despacio para que no le temieras.

Si pudieras oírlo mientras se acerca te diría: Hijo mío, ¿Realmente me amas?

Si pudieras ver a tu alrededor y contemplar a los miles de hermanos que pueden verte cada día, si pudieras distinguir de entre esa multitud a Pedro diciéndote que eres un linaje escogido, a Juan gritándote que ames de verdad, a Pablo tratando de decirte que los que retroceden no son aptos o verías a Moisés o Abraham, entonces te darías cuenta de lo afortunado que eres.

Si pudieras voltear y darte cuenta de los miles de ángeles que te vigilan, ver la particularidad de cada uno de ellos y darte cuenta que eso es solo apenas una pequeña muestra de la vida eterna.

Si pudieras poner tus ojos en Jesús, Él te diría:

¿Hijo mío de verdad me amas?

Porque podrías caer pero yo te levantaría.

Podrías fallar pero yo te perdonaría.

Pero yo no puedo obligarte a escogerme, todo lo que pude hacer para demostrarte mi amor, yo ya lo hice en la cruz.

No hay azote que no resistí por amarte, no hubo golpe que no recibí para que pudiera asegurarme de que podría salvarte.

Yo he dado mi vida para que tú puedas tener la vida eterna.

Por eso te pregunto: ¿Me amas?

Porque si me amaras lucharías por mí.

Si me amaras, te levantarías cada día agradecido.

Si me amaras, me buscarías de verdad y seguirme no sería una carga.

Si me amaras, no habría un solo día en que no estuviéramos juntos.

Si fueras atento verías en sus ojos el verdadero amor que te tiene, verías las lágrimas de amor que tiene por ti y sentirías en su voz aquella pasión que te tiene.

Ponte a pensar y pregúntate: ¿Realmente lo amas?